juliol 05, 2007

¿Héroe maldito?


foto: http://www.masnoticias.net/fotos/delincuencia.gif

Siempre deseaba en sus sueños de micro, en su rabia contenida, deshacerse de todos los pungas, de los lanzas, los cogoteros. Él no era ejemplo de santidad, pero sus pecados delataban a un parroquiano común y corriente: su sopaipilla antes del Nuevo Congreso, su borrachera entre terremotos y réplicas, sus ojos turnios con la morena del blujeans, su café con piernas. Por otra parte sus domingos caseros, la feria, los niños, la patrona que lo aguanta a pesar del tufo y las madrugadas. Pero lo suyo era típico, hasta de “buena persona”. Ellos en cambio asolaban las esquinas y no sólo las desiertas. En cualquier momento, entre la muchedumbre, arriba de la micro, a la salida del boliche, frente a las cámaras, saludando a los pacos, saliendo campantes de los tribunales. En las poblaciones el terror de la dictadura eran historias casi míticas. Ahora el terror estaba inserto entre ellos entre disparos y balas perdidas, en violaciones, asesinatos, calles tomadas, vidas hipotecadas por el que la lleva. “Mejor no digay na…”, “tate callaito no más cabrito”. Estaba hastiado de tanta mierda, había que comenzar a ponerle fin a esta hueá. Era fácil. Mil veces lo había pensado, había buscado el lugar preciso hasta encontrarlo, la forma, la excusa, la coartada. Su compadre le prestaría ropa… podía confiar en él. “Hay que pitearse de a uno a estos chuchesumadres”… Estaban de acuerdo, no hay mejor justicia que la impotencia poniéndose los pantalones. “Hay que hacerla bonita maestro, no van a saber quien chucha los manda cagando pal patioe los callaos”.

Banco Estado


foto: http://www.atractor.info/atracta/2006/09/06/img/ja.jpg

Todos entran por la puerta que está junto a mí. Lo hacen como si no vieran otras alternativas. Se empujan, se esquivan, se apresuran, se cansan. Al final todos llegan a la fila única. Todos parecen dirigirse patológicamente a la misma puerta, los que entran, los que salen. Parecen corderos, animales que siguen el curso de los anteriores sin detenerse a palpar la geografía de esta oficina, las miles de posibilidades, varias puertas que descongestionarían sus torpes pasos. Yo los miro sin prisa, despectivo, arrogante. De reojo veo que uno de ellos salió del curso colectivo y va describiendo una línea recta hacia mí.
Hasta ahora sólo uno a dado con otra puerta, con una de las otras posibilidades, una que estaba oculta incluso a mi mirada. Me di cuenta de ella cuando el único se paró frente a mí con cabeza gacha, empujó la puerta y me la tiro encima.